mié, 1 de diciembre de 202110 minutos de lecturaFather Hans Buob

II Domingo do Adviento

Homilías bíblicas sobre los Evangelios dominicales en el año de lectura C

Pasajes de la Biblia


Lucas 3, 1-6

El año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y de la región de Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, bajo el sumo sacerdote Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, el hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la región del Jordán predicando un bautismo de penitencia para remisión de los pecados, tal como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: “Voz del que clama en el desierto: «Preparad el camino del Señor, haced rectas sus sendas. Todo valle será rellenado, y todo monte y colina allanados; los caminos torcidos serán rectos, y los caminos escarpados serán llanos. Y todo hombre verá la salvación de Dios»”

Homilías bíblicas


“El año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y de la región de Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, bajo el sumo sacerdote Anás y Caifás” (cf. versículos 1-2a).

En el inicio del evangelio de hoy, se describe el trasfondo histórico: era el decimoquinto año del reinado del emperador Tiberio, Poncio Pilato era procurador de Judea; Herodes, Filipo y Lisanias eran tetrarcas; los sumos sacerdotes eran Anás y Caifás. Así, Lucas ubica el importante evento de la Encarnación de Dios en Jesucristo, que fue proclamada por adelantado por medio de la aparición de Juan, en el marco histórico contemporáneo a este. La Encarnación de Dios no ocurre fuera de la historia, sino dentro de la historia y la política muy concretas de su tiempo.

Esta es una declaración muy importante: el evento divino de la salvación ocurre en nuestro mundo histórico. Si hoy alguien quiere sacar lo religioso de la historia, de la política o de donde sea, el evangelio de hoy deja claro que esto no es posible. Los eventos de la salvación tienen lugar en la historia, que es presentada aquí como una lista a tres niveles: en el nivel del mundo, se menciona al emperador; en el nivel nacional, al gobernador Poncio Pilato y a los tetrarcas; y en el nivel del liderazgo espiritual, a los sumos sacerdotes Anás y Caifás. Esta indicación de tres niveles busca poner de manifiesto la significancia universal del evento Cristo –esto es, la Encarnación, Pasión y glorificación de Cristo en este mundo. En cierto modo, la historia sagrada se está escribiendo aquí. 

Esta lista también tiene reminiscencias de las llamadas del Antiguo Testamento, que también son mayormente datadas de acuerdo con los años de reinado de los gobernantes. Dios siempre habló a través de los profetas en una historia muy concreta. Y aquí también. Con la llamada de Juan se da una introducción a todo el Evangelio, porque ahora algo nuevo está realmente comenzando, a saber, lo que todo el Antiguo Testamento había ya proclamado.

“Recorrió toda la región del Jordán predicando un bautismo de penitencia para remisión de los pecados” (cf. versículo 3).

Solo se puede entender adecuadamente toda la efectividad del Bautista a la luz de la profecía de Isaías, ya que aquí todo lo que Isaías había predicho de Juan, del precursor, la voz en el desierto, se cumple: “Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios! ¡Que se rellenen todos los valles y se aplanen todas las montañas y colinas; que las quebradas se conviertan en llanuras y los terrenos escarpados, en planicies! Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán juntamente, porque ha hablado la boca del Señor” (Is 40, 3-5).

Jesús mismo habla sobre Juan: Él es más que un profeta. No es solo uno de los tantos profetas, sino el heraldo del Rey que se acerca, quien llama al arrepentimiento y, al mismo tiempo, proclama la Buena Noticia de la salvación mesiánica que llega.

Juan desempeña su labor en toda el área alrededor del Jordán, es decir, desde el Mar de Galilea hasta el Mar Muerto. Debe hacerlo en el Jordán, porque necesita agua para bautizar. La función más importante del Bautista es la proclamación. Esto lo identifica como el profeta enviado por Dios. La palabra del Señor se dirige a él. Él es enviado a proclamar la Palabra de Dios. Además, el bautismo que ofrece al pueblo como un signo, es un acto que Dios ha ordenado. Es algo único y nuevo, porque expresa más que el bautismo que había sido ofrecido antes a las gentes por diversas personas como signo de arrepentimiento. En Juan, este derramamiento del agua no es solo un signo de purificación, sino también un signo de la efusión del Espíritu prometida. En el Nuevo Testamento, el agua es usada siempre como un símbolo del Espíritu Santo. “Las aguas que brotan de sus entrañas”. Se refería al Espíritu Santo, dice un pasaje del Evangelio según san Juan.

Lo que se ha dicho se vuelve particularmente visible en el bautismo de Jesús: cuando Jesús es bautizado por Juan, el Espíritu Santo desciende sobre él en forma visible. El profeta Ezequiel también ya yuxtapone la comunicación del Espíritu y el perdón de los pecados y mira a lo que Juan luego expresa en el signo. Por lo tanto, el derramamiento del agua en Juan es una promesa de la efusión venidera del Espíritu Santo, pero también es, al mismo tiempo, un signo del venidero perdón de los pecados. La intención de Juan es conducir al arrepentimiento y a la confesión de los pecados. Las personas deben ser conscientes de sus pecados; deben darse cuenta de que necesitan un Salvador y de que la ley no puede redimirlos. Solo así pueden esperar adecuadamente al Salvador, quien ha venido a liberarlos de sus pecados. En este sentido, Juan debe llevar al Señor un pueblo purificado que esté abierto a Él. Pero el bautismo de Juan todavía no trae salvación, sino que prepara para ella.

“Tal como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: “Voz del que clama en el desierto: «Preparad el camino del Señor, haced rectas sus sendas. Todo valle será rellenado, y todo monte y colina allanados; los caminos torcidos serán rectos, y los caminos escarpados serán llanos. Y todo hombre verá la salvación de Dios»” (cf. versículos 4-6).

En este punto hay una referencia directa al profeta Isaías. La misión de Juan debe ser entendida en este contexto. Estos versículos muestran de forma bastante clara que Juan, como la voz del que llama en el desierto, quiere preparar el camino para la salvación de Dios. Él no está llamando a una imitación de su vida en el desierto. Él no llama a que dejen su profesión ni pide que vayan al desierto como él, sino que está preparando al pueblo para la salvación que viene y demandando arrepentimiento en el acto. Y en el Evangelio del próximo domingo les dirá a las personas cómo este arrepentimiento debe realizarse en sus respectivas profesiones y vidas. Juan apunta a Aquel que viene. El que realmente trae la salvación es el Salvador Jesús. “Pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis” (Jn 1,26), dice Juan en otro lugar.

Juan proclama la promesa universal de salvación no solo para los judíos, sino para todo el mundo, ya que “todo hombre verá la salvación de Dios”. El texto griego literalmente dice: “toda carne verá la salvación de Dios”.

-¡Toda carne! Esta es una promesa universal de salvación. Los profetas hablaron solo a Israel. Juan está inaugurando algo completamente nuevo para todo el mundo, para todas las personas. Por lo tanto, Juan es más que un predicador del arrepentimiento para el pueblo de Israel. Juan es para todos el que apunta al Salvador del mundo entero. Su mensaje es universal y tiene significado para todos los tiempos, para todos los pueblos, en todos los sitios de la Tierra. Hoy, examinemos nuestras vidas sobre la base del evangelio: ¿Qué dice Juan? ¿Qué es importante? ¿Qué es importante para mí? ∎