vie, 6 de agosto de 202110 minutos de lecturaBernhard Meuser

La oración en la Biblia

Son una colección, que se remonta en parte a varios milenios, de cantos y oraciones que se rezan aún hoy en la comunidad eclesial, en la llamada Liturgia de las Horas.

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¿Qué es eso?


Las Sagradas Escrituras no son un libro único, sino toda una biblioteca. Contiene una variedad de textos: narraciones alegóricas, reportes de hechos, himnos, textos de la ley, cánticos de amor; incluso se pueden encontrar pequeñas novelas. Una serie de textos narra la historia de Israel y los inicios de la Iglesia. En esta red se entretejen, como preciosas perlas brillantes, las oraciones. Una y otra vez, la gente ha levantado sus brazos para conectar el cielo y la tierra. Tanto para los cristianos como para los judíos, todo comienza y termina con una oración: "Resultó que cuando Moisés alzaba las manos, vencía Israel, pero cuando las dejaba caer, vencía Amalec. Como se le cansaban las manos a Moisés, acercaron una piedra, se la pusieron debajo y se sentó sobre ella, en tanto que Aarón y Jur le sujetaban las manos, cada uno por un lado. Y así sus manos se mantuvieron en alto hasta la puesta del sol. " (Ex. 17, 11-12). Una vez alguien contó y descubrió un total de 215 oraciones en las Escrituras. Y no pocas veces, tales oraciones se encuentran en los puntos de inflexión y en los momentos clave de la relación con Dios. "Orad sin cesar," recomienda san Pablo en 1 Ts 5, 17.

¿Qué dice la Biblia?


La historia de Israel es la historia del descubrimiento del único Dios verdadero. La primera persona en la Biblia que entra en un intercambio vivo con este Dios, es decir, que oró, fue Abraham (Gn 20, 17) "Abraham," dice YOUCAT, 471, "escuchó a Dios. Estuvo dispuesto a partir a donde Dios quisiera y a hacer lo que Dios quisiera.... Cuando Abraham vio que Dios quería aniquilar la ciudad pecadora de Sodoma, intercedió por ella. Incluso luchó obstinadamente con Dios. Su intercesión por Sodoma es la primera gran oración de petición en la historia del pueblo de Dios." Desde Abraham, Israel reza. Los principales guerreros de la oración en el Antiguo Testamento son Moisés ("El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como se habla con un amigo." Ex 33, 11) y David, a quien la Biblia designa como el autor de 150 salmos. "Los salmos" dice YOUCAT 473 "son, junto al Padrenuestro, el mayor tesoro de oración de la Iglesia. En ellos se canta de modo incesante la alabanza de Dios. Son una colección, que se remonta en parte a varios milenios, de cantos y oraciones que se rezan aún hoy en la comunidad eclesial, en la llamada Liturgia de las Horas. Los salmos son de los textos más hermosos de la literatura universal y conmueven también inmediatamente a los hombres modernos por su fuerza espiritual." Israel clama a Dios "Por la tarde, en la mañana, al mediodía" (Sal 55, 18) y del verso del salmo "Siete veces al día canto tu alabanza" (Sal 119, 164) emana la Liturgia de las horas de la Iglesia y encuentra un eco lejano en la oración que los musulmanes realizan cinco veces al día, el Salat y el Tawaf en dirección a la Kaaba. En el Nuevo Testamento, la oración arranca con el himno de alabanza de María, el Magníficat. "Jesús" dice en YOUCAT 474 "aprendió a orar en su familia y en la sinagoga. Pero Jesús superó los límites de la oración tradicional. Su oración mostraba una unión tal con el Padre del cielo como solo la puede tener quien es el «Hijo de Dios»." Una de las oraciones más hermosas de Cristo se encuentra en Ef 1, 3-14, pero la medida de toda la oración en las Escrituras es la oración de Jesús, que gira en torno a la frase "pero no se haga mi voluntad, sino la tuya." (Lc 22, 42).

La pequeña catequesis YOUCAT.


Centrado en Dios

La Santa Madre Teresa (1910-1997) tiene tantos admiradores como detractores. Los que no la quieren y difunden cosas malas sobre ella la consideran una católica algo cerrada de mente que sólo se preocupaba por hacer proselitismo y llevar a la gente al cielo. Pero esto no es cierto en lo absoluto. Seguramente, en sus últimos días, ha acompañado a más hindúes y musulmanes que cristianos. Ha respetado sus creencias religiosas y sus costumbres, y muchas veces ha financiado sus funerales según su rito. "Raza y religión," opinó una vez, "no importan, todos somos hijos de Dios, creados para amar y para ser amados." Sí, incluso le fascinaban algunas expresiones religiosas y trataba de aprender de ellas. Por ejemplo, cómo rezar. Una vez les dijo a sus hermanas: "Los hindúes se ponen este tilaka (el punto rojo) en la frente; lo usan por belleza, pero tiene un tremendo significado: centrado en Dios".

Mother Teresa prays at the Missionaries of Charity in East Beirut, Aug. 15, 1982. Ⓒ Alexis Duclos, The Associated Press.

El punto en la frente

Me gusta la expresión "centrado en Dios". Resume dos mundos: el mundo de la Escritura y mi vida. Todos nos preguntamos: ¿hacia dónde vamos? ¿Qué pasará conmigo, con mis hijos? ¿Qué pasará con nuestra sociedad? ¿Qué pasa con este gimiente y saqueado planeta Tierra? ¿Qué es lo que nos espera? ¿En qué debemos enfocarnos? "Enfócate en tu sueño," dice el life coach. Buda dice, "Enfócate en el momento presente." El consultor de negocios recomienda, "Enfócate en tu competencia principal." El Dalai Lama dice, "Enfócate en tu belleza interior." Solo las Escrituras se alejan de dar vueltas eternas alrededor de mí mismo; luego escuchamos, "Escucha, Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Que estas palabras que yo te dicto hoy estén en tu corazón... Las atarás a tu mano como un signo, servirán de recordatorio ante tus ojos." (Dt 6, 4-6. 8)

Ahí está de nuevo: el tilaka, el punto rojo, la marca en la frente. Centrado en Dios. Él es quien nos centra, es decir, nos dirige hacia el bien. Él nos enseña hacia dónde vamos. Ese es el mensaje central. Y por eso es que el cristianismo sin oración -es decir, sin contacto vivo con Dios- es sencillamente impensable, o es tan imbebible como un caldo rancio.

Alinearse con Dios

En el Antiguo Testamento, ya vemos cómo el orden se convierte en un mundo que se aleja cada día más de su origen paradisíaco. Cada vez más, nuevas olas nuevas de destrucción y violencia rompen sobre la humanidad, aunque hay personas heroicas que se levantan contra el mal. Sin la salvación, la historia sería un drama interminable de la maldad, una historia de desastres crecientes, Dios no nos interrumpiría. La salvación y el orden llegan al mundo por la intervención de Dios en el curso normal de las cosas.

El Dios del Antiguo Testamento es un Dios que se acerca y entabla una conversación con nosotros. De forma inesperada, en la esquina de la calle, en la oficina o mientras cuidamos las ovejas. Así fue con Moisés. No fue Moisés quien tuvo la idea de orar. Dios lo hizo centrarse en Él cuando estaba medio de la nada, en una zarza ardiente. YOUCAT 472 dice: "De Moisés podemos aprender que «orar» es «hablar con Dios». Junto a la zarza ardiente, Dios inicia una verdadera conversación con Moisés y le confía una misión. Moisés pone objeciones y hace preguntas. Finalmente Dios le revela su nombre sagrado. Así como entonces Moisés adquirió confianza con Dios y se dejó tomar del todo a su servicio, así también debemos orar nosotros y entrar en la escuela de Dios."

Este es el modelo que no ha cambiado hasta hoy. Dios toca a la puerta de cada vida, cada historia. A menudo no escuchamos este toque. Pero cuando abrimos la puerta ÉL está allí hablándonos. YOUCAT 470: "Uno se encuentra solo, no tiene con quien hablar y percibe entonces que Dios siempre está disponible para hablar. Uno está en peligro y se da cuenta de que Dios responde al grito de auxilio. Orar es tan humano como respirar, comer, amar. Orar purifica. Orar hace posible la resistencia a las tentaciones. Orar fortalece en la debilidad. Orar quita el miedo, duplica las fuerzas, capacita para aguantar. Orar hace feliz." Rezar orienta en un mundo desorientado. Los cristianos llevan un punto invisible en la frente. Uno podría decir: llevan una estrella en el pecho, un misterio que les guía infaliblemente, que les alinea con Dios.

Ora con Jesús

Si orar significa estar en contacto con la fuente suprema de todo, entonces solo uno fue el maestro en la oración: Jesús. Jesús es el punto hacia el que discurren todas las líneas de las Sagradas Escrituras. Todas las oraciones, alabanzas, peticiones, agradecimientos y lamentos – corren hacia Jesús. Esta recitación de los Salmos que ha durado milenios, este grito interminable en millones de monasterios, iglesias y catedrales - es hablar, gritar, regocijarse en, con, a través de y hacia Jesús, como si todas las aguas que fluyen hacia Dios debieran pasar por este único canal. No hay ningún cristiano que rece sin pasar por Jesús.

El mejor ejemplo de Jesús orando es en el Monte de los Olivos. Jesús es plenamente humano y reúne en sí todo el temor humano. Con sus manos alzadas al cielo, suda sangre (Lc 22, 44). Jesús traslada el drama de todos los fracasos en la tierra a la confianza de que con Dios todo saldrá bien al final, por eso dice allí donde ya nada funciona:"... no se haga mi voluntad, sino la tuya." (Lc 22, 42). Todo el Evangelio de Juan gira en torno a esta única y decisiva relación, que se menciona y expresa repetidamente: la relación del Hijo con el Padre. Esta relación conduce a las profundidades de Dios, al amor mismo, y es poderosa, lo suficientemente poderosa como para cambiar el mundo: "El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en sus manos." (Jn 3, 35).

Los cristianos creemos que "todo" – y eso quiere decir todo – ha sido entregado en las manos de Jesús, hasta las más pequeñas preocupaciones de nuestra vida cotidiana, y de nuestra familia. Así, cuando nos centramos en Jesús, cuando estamos en una relación de oración con él, estamos realmente en el corazón de las cosas: con nuestro querido Padre. YOUCAT 477 dice: "Aprender de Jesús a orar es entrar en su confianza sin límites, unirse a su oración y ser conducido por Él, paso a paso, hacia el Padre." El Padre es, en cierto sentido, el tilaka en la frente de Jesús. Y la oración más corta y poderosa del mundo -la señal de la cruz- es el tilaka de los cristianos: "En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo."

¡Lleva tu corazón allí!

Uno de los grandes maestros de la fe, Francisco de Sales, dijo, "Cuando tu corazón se aleje o sufra, tráelo de vuelta a la presencia de tu Señor. Y aunque no hayas hecho nada en toda tu vida, excepto traer tu corazón de vuelta y colocarlo de nuevo en la presencia de nuestro Dios, cada vez que se haya alejado, entonces habrás cumplido con tu vida." ∎